La historia que no soñamos

Esta es nuestra historia, digo nuestra porque el día que nació Luciana nacimos de nuevo Sebas y yo. Vivimos el día más feliz de nuestras vidas y sin lugar a dudas, el día que se partieron en dos.
Después de este proceso, es imposible decir que somos los mismos, hoy vemos la vida desde otro punto de vista, entendiendo que absolutamente todo es un milagro, que Dios siempre está con nosotros aún en los días más inciertos y que cuando nos refugiamos en Él, más allá del resultado, podemos estar confiados y en paz. Ante todo la gloria es para Él.
Se las compartimos con todo el amor, para los que viven algo similar, para los que se inspiran con las historias de vida de otros, para los que simplemente quieren saber que pasó; aquí comienza la historia que no soñamos.

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Vivimos 9 meses hermosos, desde el día que sospechamos que Luciana venía en camino; la emoción y felicidad llenaron nuestros corazones, Luciana siempre ha sido una niña deseada y amada, desde la mente de los papás.
Fue un embarazo muy sano, gracias a Dios con todas las posibilidades tanto económicas como emocionales y de tiempo.Sebas ha sido un papá totalmente presente e involucrado y yo, una mamá ávida por quererme formar, por querer saberlo todo, quería desde el día cero estar “preparada” para la llegada de Luciana. Me volví literalmente una devora-libros-blogs-información-cursos y demás, hoy me miro en retrospectiva y entiendo que mucho de esta faceta, fueron miedos a que las cosas se salieran de mi control y de mi conocimiento, uno de los tantos aprendizajes que traería mi Luciana: soltar el control.

En las últimas semanas de embarazo sólo una cosa nos preocupaba a Sebas y a mi, Luciana no se quería voltear, continuaba en posición podálica franca (o sea de nalgas) y según nuestra Ginecobstetra, en esa posición solo había una opción de nacimiento y era: Cesárea! Yooo, toda una mamá informada en parto respetado y lo más natural posible, no quería que fuera así, quería que Luciana pudiera nacer por parto vaginal por Las mil y un razones de las qué hay información y datos, además porque es el “deber ser” de un nacimiento. Buscamos segundas opiniones, otras Ginecobstetras que estuvieran dispuestas a esperar hasta la semana 40 para que Luciana decidiera voltearse, comenzamos a hacer ejercicios, meditación, hablarle a Luciana, le hice cartas, intencioné…Absolutamente todo para que en esos últimos días ella decidiera voltearse, conclusión: no se volteó ni en el último minuto. Por ende, nuestro parto, después de romper fuente en la casa el Jueves 7 de Junio de 2018 en la madrugada, fue a través de cesárea. Con una Ginecobstetra que conocimos en el último mes de embarazo, pues coincidencialmente la que estuvo acompañándome todo el embarazo se encontraba de viaje cuando comencé trabajo de parto. Tuve una cesárea totalmente diferente a la escena de terror que había creado en mi mente, fue totalmente respetada, tranquila, cero dolor de la anestesia, súper rápida, casi sin sangrado, segundo aprendizaje: todo como es, ES PERFECTO.

NACIÓ LUCIANA! Pero ahí comenzó la otra historia, esa para la que no estábamos preparados.
En ese momento todo fue silencio, Luciana no lloró, rápidamente la Ginecobstetra cortó su cordón umbilical cuando lo que yo esperaba era que me la pusieran en el pecho unos segundos, poderla besar, mirar, oler; la entregó al pediatra y se la llevaron inmediatamente, yo sólo preguntaba: ¿por que no llora? ¿Qué pasó? Nadie decía nada, solo hablaban en términos que ahora no recuerdo. Yo le dije a Sebas: “amor, ve a mirar qué pasó, párate al lado de ella.” Fueron momentos muy difíciles, de mucha angustia y sé que lo fueron más para él cuando se dio cuenta que Luciana no respiró, no se adaptó a este ambiente, sufrió una asfixia neonatal sin causa por lo cuál inmediatamente tuvo que ser reanimada, entubada y llevada a Cuidados Intensivos Neonatales.

A Sebas fue el que en ese momento le tocó toda la situación, el que tuvo que afrontar ese momento tan extremo, hoy valoro muchísimo su valentía, literalmente despertamos del sueño que nos habíamos creado en la mente, ahora esta era nuestra realidad. Todo estaba en manos de Dios y los médicos.

Sebas debía irse con Luciana en ambulancia para otra clínica, porque debían comenzarle un tratamiento para evitar un daño neuronal a causa de la asfixia y la hipertensión pulmonar que se estaba desatando, ese tratamiento solo podían hacérselo en esa clínica. Desde ahí comenzó mi admiración hacia ella. Me dejaron verla unos segundos desde mi camilla recuperándome de la cesárea que me acababan de hacer y ella en su cunita de acrílico, desde el momento que la vi supe que era una valiente, la vi tan Perfecta, tan rosada, tan larga, tan peluda, tan HERMOSA! Que me sentí confiada en el fondo de mi corazón en que todo iba a estar bien. Le dije 10 veces te amo como lo había visualizado una y otra vez en el embarazo, le dije que estaba sana, que en el nombre de Dios lo declaraba (LUCIANA ESTÁ SANA fue mi frase por esos 23 difíciles días en UCI), que la mamá y el papá estaban en el corazón y que estábamos a su lado, que no tuviera miedo que Dios estaba con ella. Fue muy duro, porque no le pude escuchar su llanto, por el tubo que ya tenía en su garganta su llanto era en silencio, sabía que estaba incómoda, pero en mi interior me dije: vamos a salir de esto. Sebas lloraba, los 3 lloramos en ese momento, a mi me llevaron a la habitación y Sebas se quedó con ella, ya en un rato se iban para la otra clínica.

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Todo ese día, estoy segura que me administraron medicina para estar tranquila, porque estaba casi pasmada, fue el pediatra a explicarme todo lo que había pasado, todo lo que ya les escribí aquí, me dijo que estaba en las mejores manos, que se iba a hacer todo lo posible por salvar su vida, (esas palabras me parecían muy difíciles de escuchar porque aún no era consciente de la gravedad de todo lo que había sucedido) que se había reaccionado a tiempo, que era cuestión de esperar y tener fe.
Ese día Sebas me cuenta que fue el más difícil de su vida, los médicos en la otra clínica no le daban el mejor panorama, todos insistían en la gravedad de lo que había pasado, que se estaba haciendo lo que se podía pero que no le podían garantizar nada. Sebas volvió en la noche a estar conmigo aún hospitalizada, pasamos una noche rara, parecía que en menos de 1 día la vida nos había cambiado, lo que antes era felicidad y gozo, se había convertido en una película difícil de describir, solo sabíamos que nos teníamos el uno al otro y que debíamos ser fuertes, así como Luciana lo estaba siendo.

Al otro día, me dieron de alta, mi mentalidad estaba puesta en que lo único que podía hacer por mi niña en ese momento era oración y estimularme la bajada de la leche para que la pudieran alimentar con ella, sabía que ahí estaban las defensas que ella necesitaba para recuperarse, entonces desde ese día empecé a extraerme, sacándome unas pocas gotas de calostro pero con la firme intención que sería mucha en unos cuantos días. Era lo único que tenía de que pegarme y lo que podía, físicamente hacer por Luciana hospitalizada.
Ese mismo día en la tarde fui a visitar a Luciana por primera vez, mucho miedo estaba presente en mi, todo era nuevo, estar en una clínica, entrar a UCI de neonatos, ver a tantos bebés enfermos e indefensos, tantas caras de papás angustiados, tantos médicos y enfermeras dándonos instrucciones, era como recibir demasiada información en muy poco tiempo y además hacernos a la idea que esa era nuestra realidad, que había que afrontarla, ponerle el pecho y la mejor actitud.


Estuvimos muy acompañados Gracias a Dios por nuestra familia, para mi: Ángeles en la tierra, por una comunidad de amigos, conocidos, conocidos de conocidos, muchas personas se unieron con nosotros en oración e intenciones por la sanación de Luciana, la energía se sentía, fueron nuestro bastón, estuvimos llenos de manifestaciones de amor y oración en esos días, fue lo más hermoso y milagroso que vivimos, estuvimos rodeados, contenidos, amados, cada persona a su forma se unió a nosotros, en ese momento yo sentía que cada testimonio y cada historia que me contaban me daba fuerza en ese momento para continuar y para decir: Luciana será también una victoria, Dios se va a glorificar a través de ella, de nuestra historia.

Los pronósticos eran muy reservados, eran días muy lentos, con pocas novedades, Luciana con mucha medicina, muchos tratamientos, 100% de ventilador y respiración asistida, los médicos querían ser muy precavidos y decían que el proceso debía hacerse muy despacio para que sus pulmones y su corazón se fueran adaptando, para evitar cualquier retroceso. Entonces nosotros nos mentalizamos qué tal vez pasaríamos meses yendo y viniendo a la clínica, a visitarla, verla a través del acrílico de su cunita, conectada a más no poder y aunque era duro, Sebas y yo nos dábamos fuerzas mutuas, nos animábamos y nos empoderabamos, yo le decía a la familia, por favor no le tengan lástima a Luciana, antes pensemos que es una valiente, una berraca como decimos los paisas, ella va a ser capaz, empoderémosla con pensamientos. Por dentro, salía de cada visita destruida emocionalmente, me daba muy duro ver a mi niña así, me culpaba mucho, repetía los últimos días antes de su nacimiento en mi cabeza una y otra vez…Que hice? Qué pasó? Fue mi culpa?, sentía que tenía que expresar todo porque si no me iba a enloquecer, comencé un diario, se lo leía a Luciana, le hacía cartas, lloraba, me desahogaba, le contaba todo a Sebas, pedía mucha oración por mi, yo la necesitaba, necesitaba estar fuerte.

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Esa primer semana fue muy difícil, mi dieta postparto fue literalmente en la clínica, la bajada de la leche fue muy dura, con muchas fiebres, inapetencia, insomnio, sin embargo me mantuve firme en mi propósito, cada 3 horas me extraía para dejarle leche en la clínica que le pudieran dar por medio de sonda y en las noches en la casa para hacerle un Banco de leche que a futuro le pudiera dar, era mi manera de decirme que ella iba a estar con nosotros en casa.

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Iban pasando los días, algunos positivos otros muy tristes y sin muchos avances, rodeados de mucha oración, unión, familia y amigos. Fueron nuestro Bastón. Hubo días que nos derrumbábamos y llorábamos de rodillas, otros que nos empoderábamos con canciones y música que después íbamos a cantarle a Luciana en la clínica. Así sumamos 18 días en UCI, entre exámenes, historias de otras familias, dos bebes que murieron también hospitalizados, extracciones de leche, oración, su bautizo, largos días, mundial de fútbol, lágrimas y fe.

El día 18, llegamos a la clínica a la visita regular y nos recibieron las enfermeras con una cara diferente a la de los demás días, en donde el contacto visual no era muy común, ese día nos sonrieron y le dijeron a Sebas: “papá, ya vio a su bebé?”, cuando la miramos estaba extubada, con una pequeña cánula, para nosotros era un avance gigante, era saber que estaba avanzando, que ya no la tenían que alimentar por sonda, que ya no le iba a molestar más ese tubo, que estábamos más cerca de llevárnosla a la casa, que estaba respondiendo al tratamiento y que nuestras oraciones estaban surtiendo efecto.

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Fueron cuestión de 5 días más, para que Luciana pasara de UCI a cuidados básicos, y finalmente dada de alta. Fueron días de ver la mano de Dios en todo, de ver sus milagros, de sentir demasiada gratitud, de llenarnos de felicidad, de recuperar nuestros sueños, de valorar la vida, de dar gracias hasta por el aire que respirábamos, días de sentirnos realmente vivos. Sabíamos que empezaba un nuevo camino lleno de retos, pero que con este casi superado sabíamos que de la mano de Dios todo lo íbamos a poder.
En esos días, aunque la felicidad nos llenaba el alma porque pronto podríamos llevarnos a Luciana a casa, empezaron otro tipo de miedos a rondarnos. El neurólogo y la Fonoaudiologa que veían a Luciana nos prevenían sobre posibles secuelas que iban a quedar en ella, que el vínculo Mamá-Bebé se había perdido, qué tal vez iba a ser difícil recuperarlo, que debía continuar en observación tal vez para toda la vida, que no sabíamos en qué condiciones estaba su cerebro, que su tono muscular estaba aumentado, que había sufrido mucho esos primeros días, que sería un proceso lento la lactancia porque tal vez había perdido el reflejo de succión…Y muchas cosas más que nos dijeron esos días. Aunque intentaba enfrentar ese panorama con buena energía, volvía de nuevo la culpa, los miedos, la incertidumbre a rondarme, le contaba a Sebas todos esos miedos, le hacía preguntas: Amor, y si no me ama por haber permitido que nos separaran? ¿Y si no se quiere pegar del pecho? Y si perdimos realmente el vínculo?. Incluso recuerdo un día, que llegue a la casa a despegar el mapa de sueños que había pegado en la pared porque nada había salido como lo había visualizado, a veces el miedo me hacía creer que todo esto era como un castigo a mi falta de oración, a mi desconexión con Dios. Pero las palabras correctas de personas de fe llegaban en ese momento a recordarme que Él no castiga, que todo lo que vivimos son elecciones inconscientes que nuestra alma necesita trascender, que por el contrario Dios nos acompaña y nos llena de amor y herramientas para que superemos todos los obstáculos y con esas victorias salgamos al mundo a ser testimonio para otras almas.
Sebas siempre me llenó de fuerza, de fe, me decía que debíamos mirar hacia adelante que ya habíamos superado un capítulo. El es un valiente porque muchas veces se que tuvo más miedo que yo, y aún así estuvo al frente del cañón conmigo y con Luciana.

El Día del padre del 2018 fue el día más feliz de nuestras vidas después de su nacimiento, ese día la pudimos cargar por primera vez, después de 18 días solo viéndola a través del acrílico de su cunita. Ya extubada, me dijeron las enfermeras “Mamá listo, intenta pegarla haber como te va”. Llena de susto, y mil pensamientos rondando a millón comencé a hacerlo, no puedo decir que desde el inicio fue la conexión sublime y perfecta que mencionan todas las mamás cuando pueden amamantar a su bebé por primera vez, solo se que comenzábamos un camino de muchos aprendizajes juntas, y que sí extraída y a través de sonda y jeringa había hecho tantos milagros en su salud, ahora mi leche se encargaría de darle nutrición, calor, amor, vínculo y seguridad. Este se convirtió en nuestro nuevo reto, lleno de mucho amor y compromiso.
Fueron pasando los días de esa semana, la lactancia iba fluyendo, Luciana estaba succionando, comenzaron a remitirnos con diferentes especialistas pues por todo lo que Luciana había vivido debía estar en observación de todos ellos. Neurólogo, fonoaudióloga, cardiólogo, a todos fuimos remitidos y todos nos pintaban el panorama más extremo; ahora entiendo que los médicos por tanto que tienen que vivir dentro de su día a día no pueden darse el lujo de brindarle esperanza a un paciente y a su familia, por el contrario es mejor jugar con las posibilidades para después no desilusionar ninguna expectativa. Nuestra actitud frente a cada palabra siempre fue de fe, no teníamos más de que pegarnos.
Cada día que pasaba el avance de Luciana era más alentador, más satisfactorio, la veíamos pasar sus noches en cuidados básicos ya con pijama y gorrito (otro de nuestros soñados logros: poderla vestir) sin ninguna sonda, saturando perfecto, sin ninguna recaída. Ahora solo faltaba una última resonancia para revisar el estado de su cerebro, de sus neuronas. Era como el último check antes de salir de hospitalización, era el neurólogo quien tendría la última palabra.
Llegó ese viernes, debíamos salir con ella de la clínica en ambulancia, debía estar en ayunas desde la noche anterior pues debían dormirla para poder hacerle este examen. Estuve con ella, desde la mañana, sabia que si superábamos esta última prueba a partir de ese momento nuestros cuidados estarían direccionados a qué Luciana no tuviera que vivir nada más así, que pudiera estar en el ambiente cálido de su casa, rodeada de amor, ternura, caricias, besos, ese era el estado natural que ella merecía. Una vez más nos unimos en oración, en fuerzas para que todo saliera bien, para que estos exámenes nos mostraran perfección y salud completa. Gracias a Dios, así fue. Luciana estaba SANA. El día 29 de junio de 2018 a las 2:00 pm fue el inicio de nuestro segundo “primer encuentro”. El día que empezamos a disfrutar la historia que SI soñamos.

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Hoy me pregunto que hubiera sido de nuestro encuentro de 3, sin esa primera parte; y aunque nadie le desea a un hijo el sufrimiento y fueron días llenos de dolor, hoy le doy gracias a la vida de permitirnos vivir ese suceso, porque ha sido la prueba más grande que hemos vivido como matrimonio y como familia, Y AQUÍ SEGUIMOS. Tuvimos la oportunidad de poner a prueba el AMOR DE DIOS. Y si que nos sorprendimos!

Han pasado ya 7 meses desde su nacimiento, y lo que hemos vivido los 6 últimos, ha sido plenitud y valorar el milagro de la vida. Cada avance, cada aprendizaje, cada evolución de ella como bebé nos llena de un amor y gratitud que no podemos medir con palabras. Nos hemos sabido adaptar en este tiempo, hemos aprendido en nuestros nuevos roles, no fue fácil al inicio hacer que confiara en nosotros, fue un proceso de enamoramiento. Solo puedo decir que como mamá, ahora estoy completamente segura que el vínculo nunca se perdió, que por el contrario tomo más fuerza, pues solo quien ha vivido momentos de confrontación, de miedo, de tristeza con su bebé recién nacido así como nosotros lo vivimos, puede valorar desde otra óptica hasta los pequeños detalles, hasta el llanto, hasta la primera sonrisa, el primer baño, el primer grito de felicidad, los trasnochos, las opiniones frente a la lactancia, los brotes de crecimiento, las vacunas, la volteretas, las carcajadas…Todo se mira desde otro punto. Todo toma un sentido más profundo. Hasta para el más básico!

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Seguimos conociéndonos, adaptándonos, amándonos. Hoy más que hace 7 meses entendemos el propósito de esta historia en nuestras vidas, han sido los momentos más lindos de fe y encuentro con Dios, fue poner a prueba nuestra capacidad para ver el lado positivo de todo, nuestro amor de pareja se reafirmó y se intensificó, la unión con la familia se volvió más profunda y real, nuestros amigos se unieron a nosotros de una manera más espiritual y más genuina, NOS PULIMOS A TODO NIVEL. Ese fue el principal aprendizaje que vino a entregarnos nuestra Lucesita, hoy damos gracias a Dios por permitirnos haber salido victoriosos de esta batalla, por habernos dado las herramientas necesarias, por mantenernos unidos y con esperanza.
Podría quedarme aquí escribiéndoles los miles de aprendizajes que he concluido en todo este tiempo, son infinitos.

Esta es nuestra historia, la historia que no soñamos, la que necesitábamos vivir. Dios se sirve de nuestras vivencias diarias para enseñarnos las lecciones que nuestra alma necesita trascender. Solo en nosotros está la elección para verlas con amor, aceptarlas y asumirlas. Esta es la vida, está llena de matices, de retos, de alegrías, de batallas superadas, de felicidad extrema. Un sin fin de emociones y sentimientos. Siempre en nuestras manos está el color de los días, siempre podremos elegir como queremos reaccionar y vivirlos. Hoy si estás viviendo una situación difícil, que no te gusta o que crees que no hay salida, tal vez no puedas cambiarla y convertirla en lo que si quieres, pero lo que si puedes es decidir como la quieres enfrentar, tu actitud lo es todo, ponle gratitud así no lo entiendas, ponle positivismo así no veas el lado bueno, ponle fe en lo que creas, llénate de certeza que detrás de esto hay propósito y en algún momento lo entenderás.

Si estás leyendo esto y no lo has vivido pero conoces a alguien que si lo haya hecho o lo esté viviendo, compártele esta historia. En los momentos de oscuridad buscamos tanto refugiarnos en historias superadas pues es en la esperanza en donde se encuentra la fuerza para continuar!

Gracias a Dios, a la vida, a la oración, a las situaciones que nos pulen. Todo es bendición, en todo hay propósito!

Carolina Paz Zapata

10 comentarios en “La historia que no soñamos

  1. Cata dijo:

    Me encanto !!!!!
    hay tantos temores q se despiertan estando a punto de dar a luz pero leerte me ratifica q los planes de Dios son Perfectos y q sea lo q sea que tengamos q vivir mientras estemos con El será el mas bello momento vivido. 🙌🙌 vamos pa delante y Luciana me enamora

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  2. Maria Camila Durán dijo:

    Que valiente y que compromiso con la vida te representa el escribir y contar esta historia de 3. Que hermoso vivir en la profundidad de las cosas. Que conexión con Dios, quien es amor y es todo lo contrario al ego. Se por experiencia propia, que escribir cosas de la vida personal, puede sacarte el ego a flote, se necesita de valentía y amor infinito para tener la convicción de que nuestra propia historia de vida ya está representando un milagro en otras vidas. Se necesita valentía para poner nuestras experiencias de vida al servicio de los demás.

    Definitivamente, la oración es la herramienta más poderosa que nos fue heredada. Jesús nos enseñó a hacerlo, nos mostró que el poder se desarrolla a través de la oración y que es el alimento espiritual que más milagros hace. Admiro la actitud de los 2 de “abandono”, entendiendo abandono como el “Padre, en tus manos me pongo, haz de mi lo que quieras y por todo lo que hagas de mí, te doy GRACIAS”. Gracias porque esta historia me llega como re confirmación de que TODO CONTRIBUYE PARA LOS QUE AMAMOS A DIOS. ¡Felicidades!

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  3. Sandrita Gómez dijo:

    Bueno como siempre lloréee leyendo esto, Caro aparte de que escribes muy lindo, y te felicito por eso, transmites ese sentimiento… Yo como mamá viví los mismos miedos y desde que me enteré de la situación con Luciana la viví muy de cerca (aunque de lejos), Sara y yo oramos mucho por ustedes y yo me ponía en el lugar de uds y siempre pensé son unos tesos! Luciana los escogió a uds como sus papis porque solo uds tienen todo lo que ella necesita! Y la lección más hermosa de las que mencionas es Soltar el Control! Ese lo tiene Dios y cuando uno vive con eso en mente la vida, aunque tenga etapas duras, es mucho más hermosa y tranquila! Los quiero montones y los bendigo! ❤ ❤ ❤

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  4. Erica dijo:

    Me imagino tu angustia… yo tuve a mi bebé por cesárea hace 4 meses por placenta previa, adicionalmente me diagnosticaron al bebé con RCIU (restricción de crecimiento intrauterino) así que nació de 37 semanas considerado a término…. mientras estaba en el quirófano no sentía más que angustia y ansiedad a la espera de ese anhelado llanto, de bebé, no sonreía ni miraba o escuchaba a mi esposo ni me importaba nada más que escuchar llorar a mi bebé , esos minutos se convirtieron en horas, solo miraba el rostro de los médicos y el del anestesista para ver si entre ellos se miraban raro y susurraban algo que no querían que yo escuchara… estaba paranoica, finalmente y solo hasta escuché llorar a todo pulmón a mi chiquito y vi una gran sonrisota en la cara de mi esposo pude disfrutar ese bello momento tan importante y tan esperado… afortunadamente mi bebé nació muy sano.
    Por mi experiencia considero muy duro lo que te tocó, y eso que lo mío no se compara para nada a lo que tuviste que vivir.

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    • Caro Paz dijo:

      Gracias Érica por tu comentario! No te puedo decir que fue fácil, yo hasta ahora me sorprendo como pudimos superar esos días, no éramos nosotros. Era Dios quien actuó y obró. Bendiciones para tu familia y tu bebé!!

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