No encajar [a veces] es el mejor regalo!

Si. Por muchos años me vendí como la imagen que creía que el mundo amaría de mi. Hice miles de cosas para encajar, para que me amaran, me aceptaran, me admiraran. Amigos, socios, conocidos incluso mi esposo me conocieron en lo que me adaptaba para ser aceptada; aunque en el fondo siempre salía algo de mi real esencia a relucir, esa hablantinosa, trascendental, mística, espiritual.

Muchos conectaban con esta esencia. Otros cercanos, repelían con ella “ya empezó con su misticismo”, “no analices tanto las cosas”, “no leas tanto”, “no investigues todo”. Me hacían saber que esa esencia no era tan aceptada por los que amaba en ese momento. Fue teso darme cuenta de todo el tiempo que me camuflé en las “supuestas” expectativas que los demás tenían de mi. Si supuestas porque tal vez sólo estuvieron siempre en mi cabeza.

Empecé a tener mucho miedo, a que, al dejar salir lo que amaba ser, hiciera que muchos se alejaran. Mi mayor miedo era que mi esposo un día se levantara y me dijera: ¿vos quien sos? No eres la mujer de la que me enamoré. De nuevo, el panorama mas terrorífico creado solo en mi mente.

Todo esto ha salido en este tiempo conmigo a solas; el postparto ha sido la etapa de más momento para estar conmigo misma y empezarme [a mis 28 años] a reconocer realmente. No digo sola porque no salga, no comparta, sino porque al estar la mayor parte del tiempo con una personita que aún no habla, los distractores han sido pocos para ir a excavar muy dentro de mi y de mi corazón. También, porque cuando tienes un hijo, o al menos en mi caso, entra un desespero por ser la mejor versión, para liberarlos a ellos, por ser más real, más auténtica, por amarme más para que ese sea el ejemplo que ellos tengan. Una mamá-mujer que se ama a Si misma.

Hago un paréntesis. Han sido muchos los aprendizajes en esta etapa pero sin lugar a dudas, es el CUERPO, y todo lo que escribo a continuación lo que más teso me ha parecido, por eso me desvío del intro de este post. Cierro paréntesis. Continúo.

Los primeros meses postparto fue -un darme cuenta de la realidad- que por muchos años tenía, acerca de mi cuerpo, todas las veces que me critiqué, me vi los defectos, inicialmente por ser extremadamente flaca y años después por ver mi cuerpo de mujer salir a flote, mis caderas, mis curvas, intentar caber en un prototipo que compré de la sociedad, un copiar y pegar de todos los referentes que hasta ese momento tenía. Creía que eso estaba bien. Pero la vida tenía una enseñanza gigante, cuando después de mi embarazo y parto, volver a mi cuerpo fue totalmente lejos de lo que esperaba, no volví, no he vuelto, y ahí fue donde empecé a cuestionar todo lo que había elegido como mi verdad inconsciente por tanto tiempo. Cuando ya no estás en el estándar es que empiezas a mirar desde afuera lo que aceptaste como llenando una planilla de chulitos sin mirar las condiciones, la letra chiquita ¿yo firmé todo esto? Que los senos ni muy grandes ni muy chiquitos pero paraditos y naturales, que la cintura curva, sin gordito llegando a las caderas, que no muy anchas pero tampoco muy rectas, que sin celulitis, sin estrías, la piel hidratada y tersa, el color caramelito, los vellitos monos, las uñas arregladas, never sin maquillaje, el pelo liso y limpio siempre arreglado….y puedo asegurar que la lista sigue. Que todo esto está mal? No lo considero ni poquito, me encanta la vanidad, me encanta sentirme bonita, me encanta arreglarme, me encantan los piropos de mi esposo, y los que yo misma me tiro al espejo cuando me veo reluciente. Lo que ahora si cuestiono es sentirme mal conmigo misma cuando por unos días, unos meses, una temporada no cumplí uno o varios puntos de la lista, cuando me sentí miserable y poquita por no estar en el estándar que yo misma había creado, cuando al salir a la calle sin mi hija cargada me ponía un brazo en el abdomen para que no se me viera los gorditos que me quedaron de mi embarazo, cuando por falta de tiempo y prioridades no pude ir hacerme las uñas sagrado como siempre podía. A eso es lo que renuncié, a ese sentimiento de pérdida por no ser perfecta, a esa desvalorización por sentir que ya nadie me querría si no volvía a ser quien era. Nadie? La verdad esa no era la real razón. El miedo era a no quererme yo tan imperfecta, tan desarreglada, tan gorda, tan caremamá, tan troza, tan bodoque. Esto es lo que hace la mente, distorsionar. Distorsionar la realidad, porque tal vez a los ojos de muchos que no son tan enjuiciadores consigo mismos dirán: “yo te veo bien, estás muy bonita” pero mi ojo tan pero tan crítico veia otra cosa en el espejo.

Por eso hoy valoro esa salida “desafortunada” del estándar, ese “verme tan diferente a mis amigas”, ese “no volví a ser la misma” que me dejó el embarazo. HOY LO VEO CON GRATITUD, porque aunque no puedo decir que está sanado, que no hay días en los que recaigo, que me trato mal mentalmente, que no me gusta lo que veo en el espejo, que desearía mi cintura de avispa pre-embarazo, que me siento mal cuando me mido uno de los tantos blue jeans que sigo guardando por si algún día vuelvo a mi anterior figura [si, por si acaso] le agradezco porque me hizo cuestionarme, verme desde afuera, y no querer seguir siendo esa persona, esa que así con el mismo ojo critico que me descalifica así mismo descalificaba a todo el que se me atravesara. Ya no quiero ser más esa persona. Y escribiendo esto no quiere decir que les habla la Madre Teresa de Calcuta; tal vez recaiga, tal vez critique, tal vez me censure, me sienta mal, me deprima. Solo se que esta conclusión me queda, que siempre podré volver a este descubrimiento, qué hay otra salida, la de amarse con TODO LO QUE HAY, que puedo amar a los demás más allá de su cuerpo, de lo que aparentan, muestran, que su corazón siempre es puro, así este guardado muy en el fondo, así como el mío estuvo por mucho tiempo.

Si. Gracias a mi trascendentalismo hoy camino en un presente más feliz, más libre, de mi, de mis juicios y de mis condenas. ESTO ES LO QUE HAY HOY, que si siembro para ser mejor mañana?, claro! A todo nivel. Físicamente, emocionalmente pero ante todo, ESPIRITUALMENTE, porque la felicidad y la libertad no se alcanza de afuera hacia adentro, comienza de adentro [muy profundo], y cuando se trabaja desde allá lo que haga afuera, mucho o poco, va encaminado a sumar, no a hacer más grande el vacío.

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