HISTORIA DE UN ADIÓS FELIZ

14 meses de la historia más linda que he podido vivir en mi vida. Un sueño, una determinación, estudiar, prepararme, leer, llegar, no poder hacerlo desde el comienzo como era mi sueño, una conexión singular. Todavía recuerdo el momento que con pocos días de nacida me dejaron cargarte y pude pegarte a mi pecho. Muchos sentimientos me invadían, además de hormonas: Prolactina, oxitocina, adrenalina. Si podremos? Mi leche si será suficiente? si te sale? Si quedas llena? Si seré capaz? Tantas preguntas que solo hoy 14 meses después puedo responder. ABSOLUTAMENTE SI 💛

Hace un par de días todavía mi mente racional dudaba de un destete respetuoso, aún con la expertise qué tal vez me daba hacerlo mecánicamente, dudaba que esta etapa pudiera terminar de la misma forma en cómo comenzó.

Exactamente el día que cumpliste 14 meses te alimenté la última vez en publico, frente a la mirada de muchos ojos que nunca sentí enjuiciadores. Esa noche, haciendo tu rutina de hora de dormir, como un instinto raro, decidí no llevarte a la silla mecedora en donde por 14 meses nos sentamos cada noche, exceptuando las pocas que ya te quedabas a dormir donde los abuelos, tu madurez ya nos iba mostrando que era el momento. Te acostamos en la cama en donde 1 año atrás, yo lloraba en silencio pensando que todo esto tan nuevo no sabía si podría llevarlo a cabo; y entre una historia improvisada de una teta despidiéndose de ti y una oración a Jesus, Maria, el Espíritu Santo y Los Ángeles, tus custodios desde el día que naciste, fuiste quedándote dormida sin pedir una gota de leche. Ese día comprobé lo que muchos llaman instinto, ese que llega y sabes que es simplemente cuando es el momento. Te llevé entredormida a tu cuarto, te puse en la cuna, y con un poco de queja, aunque sin llorar, te fuiste profundizando; mientras yo sorprendida pero ante todo tranquila iba entendiendo que había llegado el momento. Ya no me gobernaban esos sentimientos de tristeza, de impotencia, de angustia que sentí meses atrás cuando también intenté destetarte pero sin éxito, porque la decisión no había sido tomada desde el corazón por ti y por mi.

Regrese al cuarto y miré a Sebas sorprendida, el también asombrado de lo que había acabado de pasar. No lo planeamos, no lo hablamos, no lo pensamos. Simplemente se dió natural, así como la primera gota que salió en forma de calostro meses atrás.

Al siguiente día no pediste tu teta, solo un poco al despertarte pero no fue las largas tomas que hacías unos días atrás. Pasamos un día sin estar en esa conexión de lactancia, aunque si nos abrazamos, te dije muchas cosas bonitas y yo también iba haciendo mi propio despegue, porque sería mentira decir que tú eras la única apegada a este hábito que nos hacía sentirnos una sola. Para mi también fueron días hermosos los que disfrutamos la una de la otra, y aunque hubo retos, lágrimas, días de querer desistir, siempre fueron más los días en los que disfruté tenerte acurrucadita casi dentro de mi.

Hoy que escribo esta historia es la tercera noche que te duermes sin teta. Hicimos toda la rutina que por 14 meses nos ha acompañado, y al momento de apagar las luces e irnos a la silla mecedora, nos abrazamos y comenzamos a dar gracias. La tetica, en forma de cuento narrado por mi, se despidió con amor, te dió las gracias por haberla amado tanto, porque la cuidaste, siempre la trataste con amor, sin un mordisco, siempre la aceptaste sin dudar, le diste tu calor, tu ojo entrecerrado de placer cuando la tomabas, y hasta tu tierna risa asomándose. Ella también pudo cumplir su rol con toda la entrega, la paciencia y la perfeccción.

Mientras iba contándote esta historia de gratitud y orando a tus guías y custodios, fuiste quedándote dormida, sin una lágrima, sin una queja. Entredormida te puse en la cuna, te sentaste, me miraste en la oscuridad y yo me agaché a darte un beso, me tocaste con tu manito la cara y te volviste a acostar. Ahí entendí que esta historia hermosa había llegado a su fin.

Un par de lágrimas salieron de mi. No de tristeza, no de angustia, no de impotencia, ni de duelo. Lágrimas de felicidad, de plenitud, de realización, de un amor incondicional que nunca antes había sentido. Mi maestra Luciana, me has regalado la experiencia más amorosa que he vivido en mis 28 años. GRACIAS porque fueron 14 meses de lactancia, no solo de leche, de conexión, de amor, de capacidad, de resiliencia, de trasnochos, de incondicionalidad, de dar, y de recibir.

Escribo esta carta para que en unos años puedas leer la historia de un adiós feliz, de muchas enseñanzas, de escuchar el corazón y confiar en la intuición, del respetar las etapas y los tiempos, que pasan tan rápido cuando se disfrutan y se viven en PRESENTE. Una enseñanza para tu vida que quiero dejarte como herencia marcada en tu ADN. Disfruta el momento presente, el mejor regalo.

Si alguna mamá está leyendo esta carta, sólo quiero decirte que todo lo que estés viviendo, sentir que no vas a poder, que será eterno, que perdiste tu libertad, qué hay miradas de juicio, que no sabes si es suficiente, que si crecerá solamente con tu leche, quiero decirte: TODO PASA, TODO SANA, ten paciencia, vive el presente, graba el momento actual en tu mente, cuando pasa es que te das cuenta que fue demasiado rápido. Todo tiene su tiempo, disfrútalo porque los recuerdos son los que construyen la vida, una vida para recordar. 💛

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